Daniel Gil

La biblioteca sin libros (2)

Imaginemos por un momento nuestra biblioteca (pública o cualquier otra) más cercana; hagámonos una imagen mental de cómo es actualmente, con sus equipos, su mobiliario, etc. Todo muy claro, ¿no? De las bibliotecas tenemos una imagen física muy clara y nítida: un edificio de una biblioteca debe ser así, así y así. Un entorno que se repite; consolidado y de éxito. Ahora bien... intentemos modificar esta imagen, y eliminar de ella todos los estantes y todos los libros. Dejémosla vacía. De repente, todo el fondo bibliográfico de la biblioteca se ha esfumado. ¿Cómo reconstruimos esta imagen de la biblioteca? Sin duda nos sorprende esta nueva imagen de un equipamiento que hasta ahora creemos estable y permanente... ¿no? ¿Cómo llenamos ahora las diferentes salas y secciones de la biblioteca?

El martes pasado día 6, durante el Desayuno del COBDC en Tarragona este tema apareció, y la conversación con Javier Celaya me dio algunas pistas de un posible futuro... Un futuro, obviamente, lleno de preguntas aún sin resolver. Así que todo lo que podamos hablar son simples tendencias o pronósticos.

Una de las tendencias a las que apuntaba Celaya fue de que los libros cada vez más estarán en la nube, en la red. Una nube, un espacio digital, un GEPA digital compartido por diferentes bibliotecas, y al que sus usuarios podrán conectarse y descargarse en préstamo los libros que quieran. Este préstamo se controlaría mediante programas similares a los de los cibercafés: cuando se acabe el tiempo de préstamo, la conexión entre el dispositivo del usuario y este GEPA digital se cortará. Es decir, que la licencia temporal de uso del usuario caduca automáticamente, el usuario ya no podría leer ese libro desde su dispositivo, a no ser, claro, que pida prórrogas. En la Universidad de Chicago esto ya se está experimentando.

Así pues, si de repente desaparecen todos los materiales de la biblioteca... ¿como la llenamos? O mejor dicho ... ¿en que nos convertimos? Vayamos por partes:

Me imagino una biblioteca extensa y distribuida... o más bien una biblioteca como concepto. Etérea. Y con diferentes nodos físicos de acceso a este concepto: desde centros cívicos, centros, telecentros, Puntos Òmnia, pasando, claro, para cualquier tipología de biblioteca. Y aún más, ¿qué papel jugaremos los bibliotecarios? ¿También seremos un concepto?